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En lo que respecta al ámbito de la Historia de las Religiones, debemos mucho a la figura de Mircea Eliade, filósofo y escritor rumano, nacido en Bucarest el 9 de marzo de 1907 y que fallece en Chicago el 22 de abril de 1986. Pese a ser amplio conocedor de los aspectos religiosos del mundo antiguo, en ocasiones muestra una visión algo sesgada, que conviene revisar con mayor detalle, para que los estudiosos actuales podamos dar un lugar claro y lo más objetivo posible en la historia a los conocimientos de una personalidad tan influyente como él en nuestro campo.
En este trabajo deconstruiré la imagen que presenta Eliade sobre el orfismo.
Primeramente veremos cómo el historiador parte del binarismo que ha moldeado la metafísica de Occidente durante siglos, a continuación trabajaré en los aspectos del mito de Orfeo que da en su lectura observando si se da una interpretación sesgada de ellos a los lectores. En la tercera parte, realizaré una operación similar pero con las creencias y preceptos de la vida órfica, para terminar revisando los rastros de religiocentrismo que pueden verse en el texto y que podrían generar una visión distorsionada del movimiento órfico y de la figura del bardo Orfeo.
Este artículo no se fundamenta en definir la muerte, más bien, se busca demostrar que la «Eneida» es un poema de muertes, que Virgilio se acerca a este fenómeno con recurrencia, que se vale de la muerte de una gran cantidad de personajes como recurso literario, debido a que los fallecimientos permiten la fluidez del texto, es decir, las muertes ocurren porque es necesario para que haya un impulsor de la acción.
El artículo rescata estudios previos desarrollados por investigadores nacionales y extranjeros acerca de los petroglifos en Costa Rica, formas inscritas en roca y elaboradas por diferentes grupos indígenas; los primeros fueron creados hace más de dos mil años.
La lectura glífica se da a partir de criterios semióticos (los que se den en la roca), históricos, geográficos, etnográficos, artísticos, entre otros. El punto de partida es reconocer que estos signos son construcciones sociales, de ahí que, como el lector no es sujeto de esas culturas, la inmersión debe tramitarse a partir del seguimiento de distintas producciones culturales.